Los ejecutivos saben que sus ajustes (que se otorgan de manera selectiva) recién llegarán una vez que los acuerdos colectivos de su sector se hayan cerrado.
En estos últimos años, el personal que está fuera de convenio ha recibido aumentos menores que el personal convencionado; esto sucede como consecuencia de que los Gerentes Generales y Gerentes Financieros deben ceñirse a presupuestos que luego impactan en los resultados que hacen sustentables sus empresas.
Para los Gerentes de Recursos Humanos y de Compensaciones sería ideal actuar de manera preactiva en los salarios de los ejecutivos. Paradójicamente, al personal que se le exige mayor compromiso y dedicación, es el que recibe a destiempo los menores incrementos por temor a no alcanzar el querido EBITDA.
Este año, inflación mediante, los porcentajes previstos a fines de 2009 en los presupuestos (que rondan el 15%) de las compañías también quedaron desactualizados. Esto va a significar otra vez una diferenciación importante, un mayor solapamiento entre los fuera de convenio y los convencionados y una mayor pérdida de salario real para el empleado fuera de convenio.
De darse este escenario, habrá cada vez más casos de empleados que cobren sueldos mayores que sus propios jefes o supervisores. Y, lógicamente, crecerá la inequidad interna y el descontento entre las planas ejecutivas.
También, se ha añadido una nueva complejidad a la administración salarial ya que a partir de la nueva Ley 26.574, que modificó el artículo 12 de la Ley de Contrato de Trabajo (LCT) y entró en vigencia en el mes de enero, los empleadores ya no tienen tanta libertad para pensar y asignar beneficios como forma de compensar y mitigar el solapamiento por el riesgo de incremento de costos ante reclamos salariales en sede judicial.